Qué decir (y qué no) a alguien con ansiedad o depresión
En muchas iglesias, cuando alguien se atreve a decir «tengo ansiedad» o «creo que estoy deprimido», recibe una respuesta rápida: «ora más», «ten fe», «Dios tiene el control». Casi siempre se dice con cariño. Pero muchas veces deja a la persona con el problema de antes y además con la culpa de no tener suficiente fe.
Acompañar bien no requiere saber de psicología. Requiere estar.
Lo que suele doler
- «Ora más» o «es falta de fe». Da a entender que la persona está fallando, justo cuando ya se siente sin fuerzas.
- «Hay gente que está peor». Es verdad, pero no consuela: suma vergüenza por sentirse mal.
- «Alégrate, Dios es bueno». Dios es bueno, y la Biblia también da espacio para llorar y lamentarse.
- Buscar enseguida un pecado escondido. No todo sufrimiento es castigo. Jesús mismo lo dijo de un hombre que había nacido ciego (Juan 9:1-3).
- Dar consejos sin preguntar. Antes de explicar, hay que escuchar.
Lo que suele ayudar
- «Gracias por contármelo.» Decirlo cuesta mucho. Reconócelo.
- «No tienes que tener las palabras correctas.» Ni tú tampoco.
- «¿Quieres que ore contigo, o prefieres que solo te acompañe?» Pregunta; no supongas.
- «¿Qué necesitas esta semana?» Una comida, alguien que cuide a los niños, compañía para ir a una cita médica.
- Volver a preguntar días después. La mayoría pregunta una vez. Quien vuelve a preguntar se nota.
Santiago lo resume en pocas palabras: «todo hombre sea pronto para oír, tardío para hablar» (Santiago 1:19).
Los amigos de Job empezaron bien
Cuando Job lo perdió todo, tres amigos fueron a verlo. Se sentaron con él en el suelo siete días y siete noches, y ninguno dijo una palabra, porque veían que su dolor era muy grande (Job 2:13). Eso fue lo mejor que hicieron.
El problema empezó cuando abrieron la boca para explicar por qué sufría. Al final del libro, Dios les dijo que no habían hablado bien de Él (Job 42:7). Primero presencia; las explicaciones pueden esperar, y muchas veces sobran.
Jesús no esconde las lágrimas
Jesús lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, aunque sabía lo que iba a hacer después (Juan 11:35). No apuró el duelo de nadie. Y la Escritura dice de Él:
«Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.» (Hebreos 4:15, RV1909)
Y de Dios:
«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salvará a los contritos de espíritu.» (Salmos 34:18, RV1909)
Cuándo animar a buscar ayuda profesional
Si la tristeza o la ansiedad duran semanas, si la persona deja de dormir, de comer o de ir al trabajo, o si se aísla cada vez más, anímala con cariño a ver a su médico o a un profesional de salud mental, y ofrécete a acompañarla. Si alguna vez menciona que no quiere seguir viviendo, tómalo en serio: no la dejes sola y ayúdala a contactar hoy una línea de ayuda o un servicio de urgencias.
Los médicos y los psicólogos no son enemigos de la fe. Pablo pidió a las iglesias que llevaran unas las cargas de otras (Gálatas 6:2), y a veces llevar la carga es acompañar a alguien a su primera cita.
Para quien lidera
- Habla de salud mental desde el púlpito, con naturalidad. Muchos esperan permiso para decir lo que viven.
- Ten a mano una lista de profesionales y líneas de ayuda de tu ciudad.
- No exijas un diagnóstico espiritual para acompañar.
Si sirve de primer paso, puedes compartir los versículos para cada emoción o las historias de personajes de la Biblia que sintieron lo mismo. En Recursos hay líneas de ayuda por país.