Día 7 de 7
Esperar como quien espera la mañana
Salmos 130:1-8
1 De los profundos, oh Jehová, a ti clamo.
2 Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica.
3 JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?
4 Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido.
5 Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.
6 Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana.
7 Espere Israel a Jehová; porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él.
8 Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
«De los profundos, oh Jehová, a ti clamo.» El salmo 130 empieza desde abajo, desde lo hondo, donde a veces está el corazón. No espera a sentirse mejor para orar. Ora desde ahí.
Después aparece una palabra que se repite: esperar. «Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana». Los centinelas pasaban la noche despiertos, cuidando la ciudad. No podían adelantar el amanecer. Solo sabían que llegaría.
Esta semana has leído salmos que preguntan, lloran y se quejan. Ninguno te pidió fingir. Este último no promete que mañana todo esté resuelto. Dice que hay alguien a quien esperar, y que «en Jehová hay misericordia».
Si tu noche todavía no termina, no tienes que esperar sin compañía. Busca a alguien que vele contigo: un amigo, tu pastor, un profesional. Esperar acompañado también es fe.
¿Qué estás esperando hoy, y con quién podrías compartir esa espera?
Una oración
Señor, clamo desde lo hondo. Mi alma te espera como quien espera la mañana. No sé cuándo llegará la luz, pero me apoyo en tu misericordia. Enséñame a esperar sin soltar tu mano ni la de quienes me acompañan. Amén.
Para hoy: Mañana, al despertar, mira por la ventana un minuto y di: «Mi alma espera a Jehová». Solo eso.