Día 6 de 7
En medio de la tormenta
Marcos 4:35-41
35 Y les dijo aquel día cuando fue tarde: Pasemos de la otra parte.
36 Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos.
37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?
39 Y levantándose, increpó al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fue hecha grande bonanza.
40 Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?
41 Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
Varios de los discípulos eran pescadores y conocían el lago. Aun así, esa noche tuvieron pánico. Las olas llenaban la barca, y Jesús dormía «sobre un cabezal». Lo despertaron con la pregunta que muchas personas ansiosas han hecho alguna vez: «¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?».
Fíjate en el orden. Jesús no les dio primero una lección. Se levantó y le habló al viento: «Calla, enmudece». Y vino «grande bonanza». Solo después les preguntó por su miedo.
Su pregunta, «¿Cómo no tenéis fe?», puede doler si se lee sola. Pero llega cuando el peligro ya pasó y ellos siguen en la barca con él. No los echó fuera por tener miedo. Siguió con ellos.
Si hoy sientes que te hundes, puedes gritar como ellos. No hace falta una oración ordenada. Y mientras tanto, ayuda a tu cuerpo a bajar la marea: respirar lento también es una forma de dejar que la calma llegue.
¿Qué grito necesitas hacerle hoy a Jesús, tal como te sale?
Una oración
Señor, a veces siento que me hundo y te pregunto si no te importa. Aquí está mi grito, sin orden. Calma lo que me agita por dentro y quédate en la barca conmigo. Amén.
Para hoy: Si sientes que el pánico sube, nombra en voz baja cinco cosas que ves a tu alrededor y respira despacio entre una y otra.