Día 6 de 7
Nuevas fuerzas para el cansado
Isaías 40:27-31
27 ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?
28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crió los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
29 Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
30 Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen:
31 Mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
El pasaje empieza con una queja que muchos cansados conocen: «Mi camino es escondido de Jehová». Es la sensación de que nadie ve lo que te cuesta, ni siquiera Dios. Isaías no la desprecia. Responde recordando quién es Dios.
Y lo describe como alguien que no se agota: «No se trabaja, ni se fatiga con cansancio». Por eso puede dar lo que a nosotros nos falta: «Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas».
Fíjate que el texto reconoce que hasta los más jóvenes se cansan y caen. El cansancio no es una vergüenza; es parte de ser humano. Las «nuevas fuerzas» son para «los que esperan a Jehová», y esperar es, muchas veces, detenerse.
El final avanza en un orden curioso: volar, correr, caminar. Hay días de alas y días de pasos lentos. Caminar sin desmayar también es un regalo.
¿En qué parte de tu cansancio sientes que nadie te ve? ¿Te animas a decírselo a Dios?
Una oración
Señor, a veces siento que mi camino está escondido de ti. Tú no te cansas, y yo sí. Dame fuerzas para hoy, aunque sean para caminar despacio. Enséñame a esperar en ti, aunque sea deteniéndome. Amén.
Para hoy: Sal a caminar diez minutos a paso lento, sin meta ni prisa. Mientras caminas, fíjate en cómo respiras.