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Día 1 de 7

Escondido junto al arroyo

1 Reyes 17:1-7

1 Entonces Elías Thisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Achâb: Vive Jehová Dios de Israel, delante del cual estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

2 Y fue a él palabra de Jehová, diciendo:

3 Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Cherith, que está delante del Jordán;

4 Y beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.

5 Y él fue, e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y asentó junto al arroyo de Cherith, que está antes del Jordán.

6 Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde; y bebía del arroyo.

7 Pasados algunos días, secóse el arroyo; porque no había llovido sobre la tierra.

Reina-Valera 1909

Para pensarlo

Antes de los grandes momentos, Elías pasó una temporada escondido. Dios le dijo: «escóndete en el arroyo de Cherith». Allí no predicó ni hizo milagros. Bebía del arroyo y esperaba. «Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde».

Dios lo cuidó con lo básico, dos veces al día, en un lugar donde nadie lo veía. No fue una etapa perdida. A veces la vida nos pone en pausa, y en la pausa también hay cuidado.

Después viene una frase dura: «Pasados algunos días, secóse el arroyo». Lo que lo sostenía se acabó. Elías no hizo nada mal; simplemente no llovía. Que algo se seque no significa que Dios se haya ido. En la historia, el arroyo seco fue el comienzo del siguiente paso.

Hoy puedes mirar qué te sostiene en esta etapa, aunque sea pequeño, y agradecerlo. Y si algo se te está secando, puedes decírselo a Dios sin miedo.

¿Qué cosa pequeña te está sosteniendo en esta etapa, aunque nadie la vea?

Una oración

Señor, gracias por el cuidado de lo pequeño: el pan de hoy, el agua, el descanso. Si algo se me está secando, no quiero esconderlo de ti. Guárdame en esta etapa escondida y muéstrame el siguiente paso cuando llegue. Amén.

Para hoy: Come hoy algo sencillo, sin prisa y sentándote a la mesa. Antes de empezar, da gracias por ese pan concreto.

Día 2: Un puñado de harina

Si lo que lees hoy toca algo que pesa mucho, no tienes que cargarlo a solas. Ver con quién puedo hablar.

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