Día 5 de 7
Levántate, come
1 Reyes 19:5-8
5 Y echándose debajo del enebro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come.
6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua: y comió y bebió, y volvióse a dormir.
7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: porque gran camino te resta.
8 Levantóse pues, y comió y bebió; y caminó con la fortaleza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios, Horeb.
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
Elías se durmió bajo el enebro, y lo que sigue es de una ternura enorme: «he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come». Junto a su cabeza había pan cocido sobre las brasas y un vaso de agua. Comió, bebió y se volvió a dormir.
No hubo sermón. No hubo un repaso de sus errores ni un recordatorio del milagro del Carmelo. Primero, dormir. Después, comer. Y luego, otra vez lo mismo. El ángel volvió una segunda vez con una frase que vale la pena leer despacio: «Levántate, come: porque gran camino te resta».
No le dijo que exageraba. Le dijo que el camino era demasiado largo para hacerlo sin fuerzas. Cuidar el cuerpo no compite con la fe. Para Elías, fue el primer paso de la salida.
Hoy, quizá lo más espiritual que puedes hacer es comer algo de verdad, tomar agua y dormir un poco más.
¿Qué necesita hoy tu cuerpo para seguir el camino: comida, agua, sueño, una pausa?
Una oración
Señor, gracias porque no me reprochas el cansancio. Enséñame a recibir el pan, el agua y el sueño como regalos tuyos. El camino es largo y hoy no tengo fuerzas para todo. Dame las de este día. Amén.
Para hoy: Hoy come algo de verdad, sin prisa y sin el teléfono. Y si puedes, acuéstate media hora antes.