Día 2 de 7
Lágrimas de noche
Salmos 6:1-10
1 Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues con tu ira.
2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado: sáname, oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos.
3 Mi alma asimismo está muy conturbada: y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
4 Vuelve, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia.
5 Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿quién te loará en el sepulcro?
6 Heme consumido a fuerza de gemir: todas las noches inundo mi lecho, riego mi estrado con mis lágrimas.
7 Mis ojos están carcomidos de descontento; hanse envejecido a causa de todos mis angustiadores.
8 Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro.
9 Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración.
10 Se avergonzarán, y turbaránse mucho todos mis enemigos; volveránse y serán avergonzados subitáneamente.
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
«Heme consumido a fuerza de gemir: todas las noches inundo mi lecho, riego mi estrado con mis lágrimas.» Hay noches así: el día se apaga y el dolor sube. Este salmo no le pone adornos. Dice «yo estoy debilitado», dice que tiene los huesos «conmovidos» y el alma «muy conturbada».
Fíjate que no esconde las lágrimas de Dios. Se las cuenta. Y unas líneas después aparece una frase que se repite, como quien no termina de creérsela: «Jehová ha oído la voz de mi lloro». El salmista lo dice como un descubrimiento: el llanto tiene voz, y Dios la oye aunque no lleve palabras.
No hace falta llorar bonito ni explicar por qué. Si hoy llegan las lágrimas, pueden ser oración. Y si llevas muchas noches así, contárselo también a alguien de confianza o a un profesional es una forma de cuidar la vida que Dios te dio.
¿Qué lágrima tuya necesita hoy ser contada a Dios, aunque no tenga palabras?
Una oración
Señor, tú conoces mis noches. A veces lloro y no sé decir por qué. Recibe mis lágrimas como oración, aunque no lleven palabras. Dame descanso esta noche, y valor para pedir ayuda si la necesito. Amén.
Para hoy: Si hoy llegan las lágrimas, no las cortes. Después lávate la cara con agua fresca y respira despacio tres veces.