Día 3 de 7
Hablarle a tu propia alma
Salmos 42:1-11
1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
4 Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud.
5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.
6 Dios mío, mi alma está en mí abatida: acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.
7 Un abismo llama a otro a la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
8 De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción será conmigo, y oración al Dios de mi vida.
9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
10 Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
«Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?» El salmo 42 lo escribe alguien que extraña a Dios como se extraña el agua. Recuerda tiempos mejores, cuando iba con la multitud «con voz de alegría y de alabanza», y ese recuerdo le duele.
Entonces hace algo sencillo y valiente: se habla a sí mismo. «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera a Dios». No se regaña. Se pregunta qué le pasa, y luego se recuerda a quién espera.
El salmo no avanza en línea recta. Después de esa frase vuelve a hundirse: «todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí». Y al final se hace otra vez la misma pregunta. Así suele ser el ánimo: va y vuelve. No pasa nada si hoy tienes que repetirte la misma frase varias veces.
En medio aparece una línea para la noche: «de noche su canción será conmigo». No es una solución. Es compañía.
Si le hablaras hoy a tu propia alma con cariño, ¿qué le preguntarías y qué le recordarías?
Una oración
Señor, mi alma está abatida y no siempre sé por qué. Tengo sed de ti, aun cuando no te siento cerca. Enséñame a hablarme con la paciencia con que tú me hablas, y a esperarte una vez más. Amén.
Para hoy: Lee en voz alta el versículo 5 del salmo, despacio y dos veces, como si se lo dijeras a tu alma.