Día 5 de 7
Una oración desde la cueva
Salmos 142:1-7
1 Con mi voz clamaré a Jehová, con mi voz pediré a Jehová misericordia.
2 Delante de él derramaré mi querella; delante de él denunciaré mi angustia.
3 Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
4 Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida.
5 Clamé a ti, oh Jehová, dije: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes.
6 Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
7 Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu nombre: Me rodearán los justos, porque tú me serás propicio.
Reina-Valera 1909
Para pensarlo
El título de este salmo dice que David lo oró cuando estaba en la cueva. Escondido, perseguido y sin nadie a su lado. Lo dice así: «no había quien me conociese; no tuve refugio, no había quien volviese por mi vida».
Antes de pedir nada, David hace algo que cualquiera puede hacer: «Delante de él derramaré mi querella; delante de él denunciaré mi angustia». Derramar es vaciar el cántaro entero, sin elegir qué parte sale. Y en medio de esa queja aparece una frase de consuelo: «Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda». Cuando él estaba perdido por dentro, Dios conocía el camino.
El final mira hacia otras personas: «Me rodearán los justos». La salida de la cueva no fue solo un asunto privado; terminó otra vez en compañía. Si hoy te sientes en una cueva, quizá el paso de fe sea dejar que alguien entre.
¿Quién podría entrar hoy en tu cueva, aunque sea con un mensaje o una llamada?
Una oración
Señor, a veces me siento en una cueva, sin refugio y sin nadie que me entienda. Delante de ti derramo mi queja entera. Tú conoces mi senda cuando yo no la veo. Pon cerca de mí a alguien que me acompañe. Amén.
Para hoy: Escríbele hoy a una persona de confianza: ¿tienes diez minutos para hablar esta semana? Solo eso.