Series › Siete salmos para cuando duele › Día 6

Día 6 de 7

La oración que Jesús hizo suya

Salmos 22:1-24

1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor?

2 Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio.

3 Tú empero eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

4 En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y tú los libraste.

5 Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron.

6 Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y desecho del pueblo.

7 Todos los que me ven, escarnecen de mí; estiran los labios, menean la cabeza, diciendo:

8 Remítese a Jehová, líbrelo; sálvele, puesto que en él se complacía.

9 Empero tú eres el que me sacó del vientre, el que me haces esperar desde que estaba a los pechos de mi madre.

10 Sobre ti fui echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.

11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quien ayude.

12 Hanme rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado.

13 Abrieron sobre mí su boca, como león rapante y rugiente.

14 Heme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron: mi corazón fue como cera, desliéndose en medio de mis entrañas.

15 Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte.

16 Porque perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies.

17 Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme.

18 Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

19 Mas tú, Jehová, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate para mi ayuda.

20 Libra de la espada mi alma; del poder del perro mi única.

21 Sálvame de la boca del león, y óyeme librándome de los cuernos de los unicornios.

22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré.

23 Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, simiente toda de Jacob; y temed de él, vosotros, simiente toda de Israel.

24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del pobre, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, oyóle.

Reina-Valera 1909

Para pensarlo

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?» Son las primeras palabras del salmo 22, y siglos después Jesús las pronunció en la cruz (Mateo 27:46). En el momento más oscuro, el Hijo de Dios oró con un lamento.

El salmo describe a alguien que clama y no siente respuesta: «clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio». Se siente despreciado, rodeado, sin fuerzas. Y aun así sigue diciendo «Dios mío». No deja de hablarle. La pregunta misma es una forma de aferrarse.

Poco a poco el salmo cambia de tono: «Mas tú, Jehová, no te alejes». Y llega a esta frase: «no menospreció ni abominó la aflicción del pobre, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, oyóle».

Si hoy sientes que Dios está lejos, no eres la primera persona ni serás la última. Jesús conoce esa pregunta desde dentro. Puedes hacerla tú también.

¿En qué parte de tu vida sientes hoy a Dios lejos? ¿Te atreves a decírselo con tus palabras?

Una oración

Dios mío, hoy te siento lejos. Te lo digo como lo dijo Jesús, sin esconderlo. No sé por qué esto duele tanto, pero sigo llamándote mío. No te alejes de mí. Escucha mi clamor, de día y de noche. Amén.

Para hoy: Lee despacio el versículo 24 del salmo y subraya la última frase: «cuando clamó a él, oyóle».

Día 7: Esperar como quien espera la mañana

Si lo que lees hoy toca algo que pesa mucho, no tienes que cargarlo a solas. Ver con quién puedo hablar.

OhCalm no reemplaza la atención médica ni psicológica. Buscar una línea de ayuda en tu país.