Versículos por emoción › Tristeza y desánimo
Versículos para la tristeza
Un peso callado que no siempre tiene motivo claro.
También si sientes: ganas de llorar.
«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salvará a los contritos de espíritu.»
Salmos 34:18 · Reina-Valera 1909
«Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.»
Mateo 5:4 · Reina-Valera 1909
«Y lloró Jesús.»
Juan 11:35 · Reina-Valera 1909
«Mis huidas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?»
Salmos 56:8 · Reina-Valera 1909
«Señor, delante de ti están todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.»
Salmos 38:9 · Reina-Valera 1909
«Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro.»
Juan 20:15-16 · Reina-Valera 1909
«Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.»
Salmos 126:5 · Reina-Valera 1909
«De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción será conmigo, y oración al Dios de mi vida.»
Salmos 42:8 · Reina-Valera 1909
En la Biblia también lo vivió: Ana
1 Samuel 1 · Tristeza profunda y burla ajena
Lo que le pasó
Estéril, provocada año tras año por otra mujer de la casa. Lloraba y no comía. Oró en el templo moviendo los labios sin voz, y el sacerdote la acusó de estar ebria.
Cómo salió
Dijo: «he derramado mi alma delante de Jehová». Se fue, «y comió, y no estuvo más triste», antes de recibir ninguna respuesta. El alivio llegó al soltar el peso, no al resolverse el problema.
Di en voz alta lo que estás cargando, aunque te salga sin voz. Soltarlo ya alivia.
También lo vivió: María Magdalena
Juan 20:11-18 · Tristeza que no deja ver
Lo que le pasó
Se quedó llorando junto al sepulcro vacío cuando los demás ya se habían ido. Creía que se habían llevado el cuerpo: «se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Tuvo a Jesús delante y no lo reconoció.
Cómo salió
Jesús empezó por su llanto: «Mujer, ¿por qué lloras?». No le explicó nada todavía: la llamó por su nombre, «¡María!», y eso bastó para que lo reconociera. Después la envió a contarlo, y ella fue a decir a los discípulos «que había visto al Señor».
Si hoy lloras, no te apures a dejar de llorar. Cuéntale a Jesús por qué lloras.
Invitaciones para hoy
- Si vienen las lágrimas, déjalas venir. Busca un lugar tranquilo y date diez minutos sin tener que explicarte.
- Sal unos minutos a la luz del día, aunque sea a la puerta de tu casa. Mira el cielo y respira sin prisa.
- Escríbele a alguien que te quiere: «Hoy estoy triste. No hace falta que me arregles nada, solo quería decírtelo».
Una oración para empezar
Señor, hoy llego con tristeza. Dice tu Palabra que estás cerca de los quebrantados de corazón; aquí está el mío, tal como está. No me apures. Acompáñame. Amén.
Siete salmos para cuando duele: Siete días con salmos que se quejan, lloran y preguntan «¿hasta cuándo?». Para descubrir que el lamento honesto también es oración.
Si hoy pesa mucho, no tienes que cargarlo a solas. Ver con quién puedo hablar.